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Come y calla

Lasaña de ropa vieja (o sea, de restos de cocido)

Continuando con mi política culinaria de "aquí no se tira nada" (como diría mi admirado en su momento Arguiñano), el otro día, hice cocido para dos... para dos docenas, diría yo. El tema de las cantidades no lo tengo dominado aún, y cuando me pongo a hacer comida, como me da igual hacer poca que mucha, pues hice para un regimiento. Qué ocurre, o comemos todos los días siguientes los restos del cocido recalentados (por cierto, me acabo de acordar que tengo la sopa en el congelador!!!), o lo reutilizamos. Opté por lo segundo, así que hice lo siguiente:

Ingredientes:

Restos varios de carne

Pimiento verde

Pimiento rojo

Cebolla

Tomate triturado en bote, o tomate maduro troceado

Láminas de lasaña (de la normal o de la instantánea, aunque ésta yo no la he probado)

Aceite

Queso rallado (el que tengáis)

 

Para la bechamel:

Aceite

Harina

Leche

Nuez moscada

Pimienta negra

 

Preparamos un sofrito de pimiento verde y rojo picado, y cebolla. Cuando esté más o menos blando y hecho, agregamos el tomate, y dejamos que se haga poco a poco, tiene que evaporar el agua que suelta, y espesar. Si queremos que suelte el agua más pronto, salamos un poco (yo siempre prefiero quedarme corta de sal que pasarme, lo primero tiene mejor remedio que lo segundo)

La carne la habremos picado previamente. Yo uso el accesorio picador de la batidora, habrá quién tenga un robot, picadora, etc. La cuestión es que esté picado, sin que tampoco sea papilla. La mezclamos con el sofrito, y le damos unas vueltas para que absorba el sabor. Estas cosas suelen estar mejor de un día para otro (como cuando se hace empanada, que al fin y al cabo, es muy parecido).

Mientras tanto, tendremos las láminas de lasaña hirviendo en agua. A mí se me acaban rompiendo, por lo que tengo que hacer un puzzle para que acaben pareciendo una entera, qué le vamos a hacer. Habrá que probar las que no hace falta hervir. No conviene dejarlas cocer demasiado, luego van a ir al horno y se van a cocer más.

La verdad es que, o lo preparas por partes, o tienes varios frentes abiertos.

Ahora hay que hacer la bechamel. A mí no me gusta muy espesa, además de llenar, cansa mucho.

Ponemos un poco de aceite en una sartén (hay quién usa mantequilla, pero eso va a gustos), y en el aceite freímos la harina, como una cucharada sopera, hombre, también depende cuánta vayáis a hacer, pero para una fuente pequeña, sobra. Cuando ya esté dorada, vamos añadiendo la leche poco a poco, empezará espesando mucho, pero para eso tenemos una varilla muy bonita, con la que iremos dando vueltas sin parar, mientras añadimos leche a medida que siga espesando. Si, a pesar de usar la varilla, quedan grumos, la batidora es muy eficaz para acabar con ellos ;-) Seguimos así hasta que nos parezca que tiene la textura deseada, salpimentamos y echamos nuez moscada (a gusto del consumidor).

Bueno, pues ya tenemos las láminas de lasaña cocidas, el sofrito preparado, la carne picada y la bechamel hecha. Ahora toca organizarlo todo.

En una fuente, ponemos un poco de bechamel en el fondo para que no se pegue la pasta. Ponemos una base de pasta, cubrimos con sofrito de carne, echamos un poco de bechamel, ponemos otra capa de pasta, y así hasta acabar (o con la fuente, o con algún ingrediente).

Sobre la última capa de pasta, echamos un poco de bechamel, y sobre ella, bien de queso rayado, y a gratinar!!

Cuidado al comer, que quema!!!

Que conste, que ésto mismo se podría hacer con cualquier otra cosa con la que queramos rellenar la lasaña, carne picada sin más, verduras, etc... Imaginación al poder!!

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